El título de este post es el último verso del poema "Mozart", de Luis Cernuda. Abre su última colección de poemas, Desolación de la Quimera, escritos entre 1956 y 1962. Este poema fue escrito hace cincuenta años, en 1956, con ocasión del segundo centenario del nacimiento del compositor.
En este 250 aniversario, copio algunos versos del poema como doble homenaje, a la música de Mozart que los inspiró y al propio poeta, quien tomó al compositor como materia para meditar sobre la creación artística como deseo de perdurar en el tiempo:
Si alguna vez te preguntase:
"La música, ¿qué es?". "Mozart", dirías,
Es la música misma". Sí, el cuerpo entero
De la armonía impalpable e invisible,
Pero del cual oímos su paso susurrante
De linfa, con el fresco que dan lunas y auroras,
En cascadas creciendo, en ríos caudalosos.
***
Su canto, la mocedad toda en él lo canta:
Ya mano que acaricia o ya garra que hiere,
Arrullo tierno en sarcasmo de sí mismo,
Es (como ante el ceño de la muerte
Los juegos del amor, el dulce monstruo rubio)
Burla de la pasión, que nunca halla respuesta,
Sabiendo su poder y su fracaso eterno.
***
Voz más divina que otra alguna, humana
Al mismo tiempo, podemos siempre oírla,
Dejarla que despierte sueños idos
del ser que fuimos y al vivir matamos.
Sí, el hombre pasa, pero su voz perdura,
Nocturno ruiseñor o alondra mañanera,
Sonando en las ruinas del sueño de los dioses.